Acné: los errores que cometemos con los granos

Casi todos lo hemos hecho alguna vez. Aparece un grano en la cara, lo observamos durante unas horas y terminamos apretándolo frente al espejo con la esperanza de que desaparezca antes.

 

El problema es que normalmente conseguimos justo lo contrario.

 

Manipular un grano puede aumentar la inflamación, introducir bacterias, prolongar su curación y favorecer manchas y cicatrices permanentes. Y existe una zona concreta de la cara en la que una infección, aunque muy raramente, puede llegar a provocar complicaciones graves.

 

Pero el acné no depende únicamente de lo que hacemos con nuestros dedos. La alimentación, determinados cosméticos, el estrés, las hormonas y algunos hábitos cotidianos pueden modificar su evolución.

 

Incluso algunas cosas que creemos beneficiosas para nuestra piel pueden estar perjudicándola.

Tratamiento del acné

¿Qué hay realmente dentro de un grano?

El acné es una enfermedad inflamatoria de la unidad pilosebácea, formada principalmente por el folículo piloso y la glándula sebácea.

 

Cuando se acumulan sebo y células muertas y se altera el funcionamiento normal del folículo, pueden aparecer comedones, inflamación y diferentes lesiones características del acné.

 

Por eso existen granos muy diferentes: puntos negros, puntos blancos, pápulas, pústulas y lesiones profundas como nódulos y quistes.

 

Y precisamente estos últimos son los que menos deberíamos intentar manipular.

 

Un quiste o nódulo no es simplemente una “bolsa de pus” esperando a ser vaciada. La inflamación se encuentra en capas más profundas de la piel y apretarlo puede incrementar el daño.

¿Qué ocurre realmente cuando explotamos un grano?

Tenemos la sensación de que al apretarlo estamos sacando su contenido hacia fuera.

 

Pero no siempre sucede así.

 

La presión ejercida con los dedos también puede empujar parte del contenido inflamatorio hacia zonas más profundas y aumentar la inflamación.

 

La Academia Americana de Dermatología advierte de que manipular los granos puede hacerlos más visibles y dolorosos y aumentar el riesgo de infección, hiperpigmentación y cicatrices.

 

Además, las uñas y las manos están continuamente en contacto con teléfonos, teclados, pomos, dinero y numerosas superficies. Aunque parezcan limpias, no son material estéril.

 

Pero hay otro problema menos conocido.

El “triángulo de la muerte” de la cara: ¿existe realmente?

Sí, aunque el nombre resulta bastante alarmista. Existe una región conocida popularmente como triángulo de peligro de la cara, aproximadamente comprendida entre el puente de la nariz y las dos comisuras de la boca.

 

¿Por qué preocupa especialmente esta zona? Por su anatomía vascular.

 

Las venas de determinadas regiones de la cara presentan conexiones con estructuras venosas intracraneales, incluido el seno cavernoso, situado detrás de los ojos.

 

Una infección facial puede, en circunstancias excepcionales, propagarse y provocar una trombosis séptica del seno cavernoso, una complicación médica potencialmente mortal.

 

Esto no significa que una persona vaya a morir por explotar un grano de la nariz. Esa interpretación sería incorrecta y alarmista.

 

La complicación es muy poco frecuente, especialmente en la era de los antibióticos. Pero la posibilidad anatómica existe y constituye una razón adicional para no manipular lesiones infectadas de esta región.

 

Si después de una infección facial aparecen fiebre, dolor de cabeza intenso, inflamación alrededor de los ojos, alteraciones visuales o dificultad para mover un ojo, se requiere valoración médica urgente.

Otro error: pensar que cuanto más limpiemos la cara, menos acné tendremos

Tener acné no significa tener la piel sucia.

 

De hecho, intentar “desengrasar” continuamente la cara puede ser contraproducente.

 

Lavarse excesivamente, utilizar productos agresivos, frotar la piel con esponjas o realizar exfoliaciones intensas puede irritar la barrera cutánea y empeorar la inflamación.

 

La recomendación general es mucho menos agresiva: limpieza suave, agua templada y productos no comedogénicos adecuados para la piel. El NHS desaconseja lavar las zonas afectadas más de dos veces al día, ya que una limpieza excesiva puede irritarlas.

¿Y el agua del grifo? ¿Puede provocar acné?

Aquí encontramos mucha desinformación en internet.

 

No existe evidencia sólida que permita afirmar que beber o lavarse la cara con agua del grifo provoque acné.

 

Sin embargo, existe un matiz interesante.

 

El agua dura contiene concentraciones relativamente elevadas de minerales, principalmente calcio y magnesio. Algunas investigaciones han encontrado que el agua dura puede favorecer la permanencia de determinados tensioactivos de los productos de limpieza sobre la piel y aumentar la irritación o alterar la barrera cutánea en determinadas personas. La mayor parte de esta investigación se ha realizado sobre dermatitis atópica, no sobre acné.

 

Por tanto, afirmar que “la cal del agua produce granos” no está demostrado.

 

Lo que sí puede ocurrir es que una piel sensible note tirantez o irritación después del lavado, especialmente cuando se combina agua dura con limpiadores agresivos.

 

Antes de comprar filtros, duchas especiales o lavarse exclusivamente con agua embotellada pensando que así desaparecerá el acné, merece mucho más la pena revisar el limpiador, los cosméticos y el tratamiento utilizado.

Un detalle que olvidamos: la funda de almohada, el teléfono y las manos

Hay objetos que permanecen muchas horas en contacto con nuestra cara.

 

El teléfono móvil es uno de ellos. También lo son las gafas, cascos, gorras, almohadas o cualquier elemento que produzca fricción y oclusión repetida.

 

Pero tampoco debemos caer en otro mito: el acné no aparece simplemente porque nuestra cara esté “sucia”.

 

Una buena práctica consiste en mantener limpios los objetos que entran frecuentemente en contacto con la piel y evitar tocarse constantemente la cara.

 

Y hay un hábito particularmente sencillo que suele olvidarse: no acostarse con maquillaje y elegir cosméticos y protectores solares identificados como no comedogénicos.

Los 5 alimentos o grupos alimentarios que más pueden empeorar el acné

Aquí también debemos ser rigurosos.

 

No existe una lista científica universal de cinco alimentos que provoquen acné a todas las personas. El chocolate o una hamburguesa aislada tampoco explican por sí solos la aparición de un brote.

 

Sin embargo, la evidencia disponible sí señala especialmente hacia las dietas con alta carga glucémica y encuentra una asociación entre el consumo de leche de vaca y el acné en algunos grupos.

 

Si tuviéramos que identificar cinco grupos que merece la pena vigilar, serían: 1) bebidas azucaradas y batidos con mucho azúcar; 2) bollería, dulces y productos ricos en azúcares refinados; 3) pan blanco, cereales azucarados y otros carbohidratos de alto índice glucémico; 4) patatas fritas y productos similares de elevada carga glucémica; y 5) leche de vaca, especialmente si se observa una relación personal entre su consumo y los brotes.

 

Hay que hacer una precisión importante respecto a los lácteos: la asociación observada con la leche no significa que todos los productos lácteos empeoren necesariamente el acné. La Academia Americana de Dermatología señala que la evidencia disponible no muestra la misma asociación para yogur y queso.

Por eso eliminar todos los lácteos de forma indiscriminada no está justificado simplemente por tener acné.

¿Y el chocolate?

El chocolate suele ser el primer acusado. La realidad es más complicada.

 

Algunas investigaciones encuentran asociaciones entre determinados productos de chocolate y el acné, pero resulta difícil separar el posible efecto del cacao del azúcar, la leche y la composición global del producto.

 

Por eso decir simplemente “el chocolate causa acné” es demasiado categórico. Un chocolate negro con alto porcentaje de cacao y poco azúcar no tiene la misma composición nutricional que una chocolatina cargada de azúcar y leche.

 

Atención también a algunos suplementos deportivos

 

Este es un aspecto mucho menos conocido.

 

Se han descrito casos de aparición o empeoramiento del acné asociados a determinados suplementos, entre ellos algunos productos con proteína de suero de leche (whey protein), vitamina B6/B12 en dosis altas, yodo y ciertos suplementos para aumentar masa muscular.

 

Sin embargo, tampoco podemos afirmar que la proteína whey provoque necesariamente acné: existen informes y series de casos que sugieren una relación, pero un ensayo aleatorizado publicado posteriormente no encontró un empeoramiento significativo de las lesiones en hombres que consumían whey.

 

Si el acné aparece coincidiendo claramente con el inicio de un suplemento, conviene comentarlo durante la consulta.

¿Qué alimentos pueden ayudar a una piel con acné?

Tampoco existen cinco alimentos capaces de “curar” el acné.

 

Lo que tiene mayor respaldo es un patrón alimentario de menor carga glucémica, en lugar de buscar un alimento milagroso. Algunos ensayos han observado una reducción de las lesiones cuando las personas con acné adoptan este tipo de alimentación.

 

Por ello resulta más interesante priorizar verduras, legumbres, fruta entera, cereales integrales o poco refinados y fuentes de grasas insaturadas, dentro de una alimentación equilibrada.

 

La evidencia revisada por la Academia Americana de Dermatología también apunta hacia una posible asociación favorable del consumo de frutas, verduras y determinados ácidos grasos.

 

Pero hay que mantener las expectativas correctas: una buena alimentación puede contribuir al control del acné, pero no sustituye al tratamiento dermatológico cuando este es necesario.

Cinco errores menos evidentes que pueden estar saboteando tu piel

Hay comportamientos aparentemente inocentes que merece la pena revisar.

 

Cambiar de tratamiento constantemente es uno de ellos. Los tratamientos contra el acné necesitan tiempo y utilizar un producto diferente cada pocos días puede acabar irritando todavía más la piel.

 

Otro es aplicar el tratamiento exclusivamente encima del grano visible. Algunos medicamentos tópicos para el acné funcionan mejor cuando se utilizan correctamente sobre toda la zona propensa a desarrollar lesiones, porque también buscan prevenir la formación de nuevos granos.

 

También puede resultar contraproducente intentar secar completamente la piel con alcohol, astringentes o limpiadores demasiado agresivos. Una piel acneica sigue necesitando mantener adecuadamente su barrera cutánea.

 

El cuarto error es creer que si un producto escuece significa que está funcionando.

 

Y el quinto probablemente sea el más habitual: esperar hasta que el grano sea grande para empezar a preocuparse por el acné, en lugar de tratar la tendencia a desarrollar lesiones.

¿Qué hacer entonces cuando aparece un grano enorme?

La primera regla es sencilla: no intentar realizar una pequeña intervención quirúrgica delante del espejo.

 

Especialmente si se trata de un nódulo profundo y doloroso.

 

La Academia Americana de Dermatología recomienda no intentar explotar este tipo de lesiones porque aumenta el riesgo de inflamación, infección, alteraciones de pigmentación y cicatrices. En determinadas lesiones profundas, un dermatólogo puede realizar tratamientos específicos de manera controlada.

 

Si el acné es persistente, doloroso, deja cicatrices, aparecen numerosos nódulos o quistes o está afectando psicológicamente a la persona, es recomendable solicitar valoración médica.

Acné: cuidar la piel es mucho más que intentar eliminar cada grano

Uno de los principales errores al enfrentarnos al acné consiste en concentrarnos exclusivamente en el grano que vemos.

 

El objetivo debería ser diferente: reducir la formación de nuevas lesiones, controlar la inflamación y evitar cicatrices y manchas posteriores.

 

En la Clínica Dr. Postius, el abordaje puede complementarse desde áreas como Medicina Estética, Nutrición y Dietas, Terapias Hormonales, Análisis de Sangre y Orina y Psicología Clínica, especialmente cuando existen factores hormonales, nutricionales o emocionales que requieren una valoración más amplia.

 

El acné es una enfermedad multifactorial. Ni se produce simplemente por comer chocolate ni desaparece lavándose la cara cinco veces al día. Y, aunque resulte tentador, explotar cada grano que aparece suele ser una de las peores estrategias para conseguir una piel más sana.